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Dorados,
a un cuarto giro de Esquina
Por Eduardo Gonzalez
En el corazón
del Paraná Medio, emplazado en
el mismo delta que se extiende desde
Santa Rita de la Esquina del Rio Corrientes
(usualmente conocida por su epítome
Esquina) hasta mas allá de la
paceña isla Curuzu Chali, el
pueblo de Guayquiraro, muestra el clásico
terruño de la tierra correntina.
El extraordinario entorno, hace que
el pescador deportivo pueda alcanzar
el maridaje perfecto entre la naturaleza,
el ocio, el disfrute, la particular
cordialidad correntina y por supuesto
la pesca.
Seducidos por las
cualidades mencionadas, y con una primavera
que asoma, junto a mis amigos Fabián
Rodríguez y Rodo Lettieri, elegimos
este páramo para realizar el
primer viaje de nuestra lancha "BATANGA.
Nos acompañaron también,
en esta nueva aventura Juan Rodríguez
y Nico Ramognini.
Mañana complicada
Temprano nos aprontamos
a vivir la primer jornada de pesca,
la fuerte helada que se presentó
por la noche hizo que nos quedáramos
disfrutando de los colores y los sonidos
del amanecer juntos a unos mates, y
a la espera que el sol calentara el
ambiente. Nos dirigimos hacia el primer
lugar, conocido como La Chacharita,
ubicado sobre el Rio Corrientes a una
media de hora de navegación desde
el campamento.
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En el camino nuestro
guía Ramón, nos propuso
hacer unos intentos a trolling. Tras
varias pasadas en una excelente corredera
con resultados nulos, intentamos con
carnada. Solo Rodolfo tuvo la posibilidad
de obtener un doradillo de unos dos
kilos.
El pique estaba muy remiso, la baja
temperatura que se sucedía frecuentemente
por las noches, aunado a lo crecido
del río, eran factores que incidían
negativamente en los resultados. Los
dorados bien alimentados por la gran
cantidad de forrajeros que traen las
aguas altas, buscan refugio en las más
tranquilas, las que son de difícil
acceso por la gran cantidad de camalotes
y carrizales que atraviesan el camino.
No obstante pudimos concretar en la
mañana la pesca de una media
docena de lindos doradillos.
Calentando motores
En horas del mediodía,
decidimos un intervalo para preparar
el almuerzo, dando la posibilidad que
el sol, que ya se hacía sentir,
calentara las aguas en las zonas más
bajas. Para ello desembarcamos en una
isla. Rodo, nuestro chef oficial eligió
la sombra de un timbó para demostrar
sus dotes culinarias: unos bifes de
cuadril a la criolla, sirvieron de entremés
para armar los sándwiches.
Una verdadera fiesta,
a pura adrenalina y práctica
deportiva
Luego de este corto
intervalo buscamos nuevas correderas,
en esta oportunidad muy cerca del arroyo
Ingacito. En uno de los tantos intentos,
tuve un par de toques sutiles, y una
tenue llevada me indico que el pez había
decido comer. Tense la línea,
clave y una intensa corrida fue la devolución.
Había hecho esta acción
en forma automática y relajada,
ya que inconscientemente desestime el
porte del animal, en consecuencia su
fuerza me impulso hacia adelante, haciéndome
trastabillar y por poco caigo de la
lancha.
La caña se fondeo al máximo,
y el equipo muy liviano, compuesto de
una vara de 2m, unas 20 libras, un pequeño
reel del tipo huevito y multifilamento
de 16 lbs., mostraba que se avenía
una gran pulseada con uno de los grandes.
El dorado saltó en un par de
ocasiones dejando ver su magnífica
silueta, arrancando un grito a cada
uno de nosotros. Una lucha al límite,
cargada de adrenalina producto de las
feroces embestidas que arrancaban hilo
del carretel, saltos, obstáculos
en el río, hacían que
cualquier error se pague con la rotura
de la línea.
Con el avance de la captura, el cansancio
en los brazos se hacía notar,
lo que me obligaba a prestar atención
a los más significantes detalles,
para poder concretarla. Había
una gran tensión en el grupo,
ya que el pez valiéndose de la
poca resistencia que ofrecía
mi equipó, buscaba continuamente
ganar los palos semi sumergidos y los
carrizales.
Finalmente y tras unos quince minutos
a pura lucha, un hermoso dorado que
superaba los 6 kilos se mostraba para
las cámaras de Al Aire Libre
y por supuesto para las fotos de esta
publicación. Una verdadera fiesta,
miles de sensaciones, belleza visual
y práctica deportiva me brindo
este bien llamado Tigre de los Ríos.
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Tarde espectacular!!!!
Después de
tanta algarabía, decidimos buscar
otro sitio mas tranquilo, Ramón
nos ubico en un islote, en el cual se
formaban sendas correderas a cada lado,
lo que nos permitió hacer una
pesca de costa con buenos resultados,
cantidad de doradillos y descomunales
palometas, nos brindaron una entretenida
tarde de spinning.
Para entonces, era
hora de regresar al pesquero donde horas
antes había realizado la inolvidable
captura. Una tarde espectacular que
comenzaba a caer, iniciaba uno de esos
atardeceres esplendidos.
Tal fue el regalo de la naturaleza que
nos permitió un fin de jornada
a toda orquesta con muy buenas capturas
concretadas, destacándose Fabián
quien obtuvo un dorado que arrimaba
holgadamente a los 5 Kg. y tantos piques
fallidos, pero que sin dudas amenizaron
el tiempo de espera.
Continuara
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Gayquieraro, un paisaje
que no me llamó la atención
en esta zona correntina, y con un enorme
potencial escondido bajo el agua-el
que sin dudas mejorara mas aun cuando
las condiciones del río vuelvan
a su estado natural-, nos dejo muy conforme
tanto en la pesca de dorados como la
de bogas, estas últimas resultaron
de excelentes tamaños y que serán
las protagonistas de la próxima
nota.
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